PostHeaderIcon Ante la Navidad. Pregón de Javier Sauras en Huesca (1994)

En estas fechas navideñas siempre recobran actualidad las palabras que nos hablan del sentido de la fiesta navideña, del tiempo de encuentro en el que se suceden escenarios imperecederos como el belén, las tradiciones antiguas del final del año o los Magos de Oriente aportando más ilusión. De todo ello dan buena muestra los clásicos Pregones de la Navidad, uno de los cuales incorporamos hoy a esta pizarra académica. Su autor es el académico numerario Ilmo. Sr. don Javier Sauras Viñuales y, a pesar de que fue pronunciado hace quince años, mantiene una evidente actualidad el discurso que se traza en él. Por ello, ponemos a disposición de todos este “Pregón de Navidad de 1994, en Huesca”.

“Este Pregón de Navidad , en un principio, se pensó como encomienda familiar, pero al final fuí yo su redactor y, ahora, lector.

He de agradecer, en nombre de mi mujer, Esperanza, nuestros cuatro hijos y yo, de forma muy intensa, la invitación que se nos hizo para presentarlo. Era un encargo insólito, pero nos pareció tan increible como gran honor.

Nuestros méritos para ello no son muchos pues solo somos gente normal, Esperanza es pintora, yo soy escultor,y ambos, además somos catedráticos de dibujo de Bachillerato, tenemos cuatro hijos varones, Javier de 20 años, Borja de 13, Ignacio de 12 y Lorenzo de 4. Nuestra vinculación con Huesca es sabida e inquebrantable, a pesar de que hace ocho años que ya no vivimos aquí.

Este encargo nos produjo ilusión y desazón, pues no es posible hablar en estos tiempos difíciles sin asumir que los mensajes no pueden ser solamente dulces, si no es a riesgo de caer en la ñoñería y la irrealidad, y no queremos eso.

Este es el “Año de la Familia”, ha sido sin duda un buen deseo planeando sobre una realidad contradictoria, pues las guerras, el hambre, la crueldad general y la destrucción del medio ambiente fueron especialmente crudos durante estos doce meses que terminan. Sin embargo la proclamación mundial de ese buen deseo es una señal preciosa, porque indica que los humanos aun sabemos reflexionar y levantar banderas de utopía, en favor de proyectos generosos, de propósitos llenos de fraternidad y de justicia.

Se entiende que la utopía es un concepto que encierra en su esencia el matiz, no sé si como defecto o como cualidad, de la inalcanzabilidad, y por tanto la utopía solo podrá ser trayecto, ejercicio inacabable, tarea rebelde, capaz de empeñar el esfuerzo de generaciones.

La irrealidad y el fanatismo son el peligro más explosivo de las utopías, pero los hombres no podemos vivir sin ellas. En estos tiempos de cuarteada posmodernidad, de pragmatismo escéptico, de suave eclecticismo, han caido muchos ídolos mordiendo el polvo de la reciente historia, los más corpulentos y soberbios fueron las estátuas de las diversas y enfrentadas ideologías políticas que asolaron este siglo, y los esperpentos de algunas sectas, mitos sociales y sospechosos espiritualismos que hicieron también mucho daño.

El hombre moderno del “Todo Vale” vaga por un vacio que le desorienta y le impide encontrar satisfacción intelectual, o paz de espíritu, entre tanta superficialidad y sed de objetos materiales. No confía ya en el sueño de la razón, porque lleva todo el siglo produciendo monstruos, ni cree en las viejas ideologías, ni en los posibles afectos. Es egoista, carece de elevación y de reciedumbre moral; y sin embargo, no parece preocupado ni incómodo en esa suave vacuidad, y eso es lo mas alarmante, por cuanto muestra de ceguera colectiva.

Las utopías son el alimento del progreso social, ya que indican caminos a seguir y metas a superar, avisando además de lo mucho que falta para conseguir esos fines. Seguramente lo que daña a éstas es el empeño en proyectos imposibles, pero cuando sus objetivos son razonables, son humildes, son a plazos, trazados a la escala de la vida biológica, no hay por qué recelar de ellas.

El problema difícil surge al tratar de distinguir entre utopías razonables y utopías imposibles. Aunque peor que soportar la maldad de algunas utopías, sería no tenerlas.

Creemos que la familia es un objetivo mejorable, y por ello una utopía por la que merece la pena esforzarse.

Resulta mucho más comprensible luchar por la dignidad de la familia, por el respeto a la condición femenina, por lograr mayor ayuda del Primero al Tercer Mundo, por la atención a la infancia, por la conservación de los bosques y la capa de ozono, o por la paz en Bosnia o en Ruanda, que por la abolición de la sociedad de clases, por la dictadura del proletariado o por los diversos internacionalismos . Ambos bloques de propuestas son utopías, pero uno está lleno de calor, de posibilismo y el otro es fría abstracción, y se aleja de la escala humana.

Antes de que Tomás Moro inventase y formulase la palabra y el sentido conceptual de la utopía, Platón habia lanzado las ideas de las suyas, y una de éstas,tal vez la más hermosa es la del sueño de la coincidencia, de la conjunción entre la bondad y la belleza.

Cualquier persona sensible, no sólo el artista, sentirá la sugestión de esta antigua idea: La belleza unida a la bondad, y, posiblemente, a la verdad. Imposible y noble sueño, destruido por Shakespeare, por Goya y por tantos otros que vinieron después.

Mas, la belleza, en su sobriedad, a veces, vela su rostro, hay que saberla descubrir, y tal vez esa modestia, le confiere bondad. En cuanto a la bondad, ¿Cuándo no es bella? Por eso es tan difícil renunciar al sueño de Platón, aunque esté roto.

Hacer un pregón de navidad, desde una familia formada por una pintora y un escultor , dirigido a un público en el que, sin duda, hay notables belenistas y muchos aficionados,sin hablar del arte, de la artesanía y de los nacimientos,belenes o pesebres sería totalmente absurdo. Desde que recibimos el encargo de este pregón, nos hemos dedicado a recorrer variadas fuentes documentales, un poco mas allá de los conocimientos que ya teníamos sobre arte popular,orígenes,mitos pre y paleo cristianos, fuentes medievales, los consabidos tópicos sobre belenes napolitanos, sobre Salzillo, la Roldana y todas esas historias de manual y divulgación que salen en periódicos y revistas cuando se acercan cada año estas fiestas.

Esa erudición autocomplacida y un poco pacata que suele girar alrededor del costumbrismo, siempre me ha producido cierto recelo intelectual, porque veo en ella conformismo y temor a recibir nuevos aspectos no deseables del asunto tratado. Por ello no me parece mal afrontar sin prejuicios y con ojos nuevos temas como éste, por muy consolidados e indiscutibles que parezcan.

La cultura y las creencias religiosas se entremezclan desde lo más antiguo en el surgimiento de los mitos, y estos remontan el tiempo y se soterran o bien se superponen en las costumbres sociales y a través de la ortodoxia religiosa. Y a mi eso no me parece peligroso para unos ni para otros, es un matiz enriquecedor e identificador.

El mito ancestral pervive, y es a veces el esqueleto o armazón, el factor humano y tierno de algo que el austero dogma de los sacerdotes podaría , pero que los hombres precisan como seña, y que llegan a sublimar y convertir en parábola y metal precioso, y que luego embellece a la fe.

Nuestra vieja España está llena de ejemplos maravillosos de este proceso mitificador como el Pilar de Zaragoza o Compostela. Mitra o los diversos Santos Magos son el soporte casi profano o coral de un suceso de orden superior, el nacimiento de la esperanza, de la redención del género humano, por medio de algo tan inocente e indiscutiblemente bueno como es ese niño que de eterno es nuevo cada año.

No suele haber nunca una sola verdad, los hechos pueden tener varias versiones, y no está mal procurar la mayor luz sobre ellos,sin temor a romper opiniones consolidadas.

Parece ser que el buey del nacimiento típico es el viejo toro de los cultos mitráicos, colado de rondón en el belén, y que los Reyes Magos aparecieron muy tarde en esta iconografía, que no siempre fueron tres, sino mas, que Baltasar quizá no fuese negro, que tuvieron otros nombres, y que los relatos detallados sobre los personajes de la navidad, apenas figuran en los cuatro Evangelios, sino que su descripción, pelos y señales aparecen sobre todo en los llamados Apócrifos. Y yo a todo esto digo: ¿Qué más da? La leyenda ,la tradición cuando se mezclan con la realidad no tienen por qué forzosamente atentar contra la ortodoxia, ni contra la sana inocencia de los hombres de buena fe, ni contra la ilusión de los niños. La destilación de todas esas aportaciones es simplemente arte, ese arte tan oriental de la leyenda parabólica, alimento puro e inócuo para la fe que la gente sencilla necesitaba y que a nadie hizo daño jamás.

Querría enfocar el hecho artístico de los belenes y su enorme y riquísima derivación hacia el arte popular y la artesanía, con el respeto profundo que produce un esfuerzo creativo humano de tal envergadura, y empapado del calor emocionado e ingénuo que sólo es capaz de infundir la fe formidable y cándida de la niñez.

No sorprende que sea este motivo y no otro de la variada historia sagrada, aquel que el pueblo cristiano ha elegido de modo tan vigoroso para entronizar en el interior de sus hogares.

El Calvario, la Ultima Cena y el Corazón de Jesús es cierto que, en la iconografía popular, han tenido gran implantación , pero al lado del Nacimiento, como vulgarmente se dice, no tienen “nada que hacer”.¿Por qué? Porque son imágenes para los adultos. Sin embargo los belenes son desde hace siglos el mayor foco de atención y de ilusión para los niños en la iconografía escenográfica religiosa.

Para que ello suceda han venido confluyendo durante cientos de años factores diferentes, como son los mitos ancestrales y los resíduos de festejos paganos reciclados por el cristianismo, el frio, la nieve, cada vez menos presente,las fiestas, el reencuentro de las familias, los regalos, los dulces, el misterio, el fuego, y un sin fin de matices que cabría ir añadiendo para definir y perfilar la Navidad, la Navidad de los niños, podríamos decir. Y quizá la Navidad de los viejos.

Cuando he hablado no sólo de iconografía, sino también de escenografía quería aludir a algo, y es al uso de la máquina teatral en el mundo católico, desde la edad Media y sobre todo a partir de la Contrarreforma. Mis recuerdos de la niñez están muy vivos en los numerosos y fascinantes belenes que se montaban en Huesca y que íbamos a recorrer sin perdernos ni uno por colegios, conventos, iglesias y escaparates.

Eran recorridos inolvidables, como lo fueron también los de los Monumentos de Semana Santa, mucho más solemnes, y en cierto modo misteriosos, porque ibas a ver el envoltorio majestuoso y barroco de algo que no estaba a la vista.

El catolicismo de la contrarreforma fue el impulsor de estas manifestaciones religiosas solemnes y populares a un tiempo, y llenas de dramatismo, de entrañable teatralidad.

Desde la Edad Media hubo representaciones plásticas relacionadas con el nacimiento de Cristo en todos los territorios de la cristiandad, tanto orientales como occidentales, pero es en los paises católicos, a partir del siglo XVII donde la iconografía popular en forma de belenes se desarrolló, y su auge fue en tierras mediterráneas, no tanto en los paises católicos del norte de Europa.

La Natividad fué tema de representación plástica muy amado por las iglesia bizantinas y de todo el oriente cristiano, pero la representación popular del belén, que ha llegado hasta nosotros con diferentes transformaciones, recibió su más decisivo impuso en el medievo de manos de los franciscanos.

Y fueron los napolitanos, sobre todo, quienes configuraron el prototipo, quienes con su prodigiosa imaginación y creatividad acuñaron tantos modelos y posibilidades de este tema iconográfico, que de forma tan variada y rica se han extendido por Italia, la Francia mediterránea, Portugal, España y todos los paises de ultramar que formaron los imperios de ambas potencias.

Mucho debe el auge de la belenística a la dinastía borbónica de Las Dos Sicilias, o del Reino de Nápoles, ya que hubo una serie de reyes, reinas y príncipes de esta Casa que fueron grandes apasionados por los belenes. El reino de Nápoles desde el siglo XV perteneció y estuvo vinculado a la Corona de Aragón, y luego a las dos dinastías españolas hasta que Garibaldi derrocó a los Borbónes reinantes en el siglo pasado.

Recordemos que nuestro gran monarca Carlos III vino a España para reinar dejando el trono de Nápoles, y, según se cuenta, trayendo magníficos belenes en su equipaje.

Por todos estos motivos, no tiene nada de extraño que la irradiación de un arte popular llevado a sus máximas cotas en Italia, alcanzase logros tan notables también en España, y, sobre todo, en levante, pues eran las zonas que con mayor facilidad podían estar comunicadas con otros territorios del mediterráneo. No fueron sin embargo los borbones quienes implantaron la belenística en España, pues en tiempos de los Austrias había ya notables muestras de tal imaginería.

Hay mucha gente que por un mal entendido sentido de la sobriedad abomina del barroquismo, cuando es una manifestación artística tan vigorosa, tan llena de aspectos contradictorios y vitalistas, de abstracción conceptual y exaltación de los sentidos.

Aquella ciudad nuestra de hace cuarenta años era un canto al barroquismo, el interior de la catedral aun conservaba el coro de la nave central y las capillas que lo rodeaban, y todas las iglesias y conventos albergaban un buen repertorio de retablos y capillas e imágenes de mejor o peor calidad artística,casi todos barrocos. Huesca era una ciudad con notables presencias medievales y renacentistas, recordemos la Natividad de Forment,que es una de las mayores joyas renacentistas, que posee nuestra diócesis. Pero la plenitud de esta ciudad, el color de su humanidad habían sido y en algo, quizá, sigan siendo barrocas. Al menos pienso que un cierto conceptismo sigue muy vivo entre nosotros los altoaragoneses.

Ese barroquismo nos lo da la tierra, es una corriente muy viva y expresiva de nuestra forma de pensar. A veces he deseado creer que la obra de Baltasar Gracián no habría sido como es si no hubiera, no se si sufrido o disfrutado, su destierro en nuestra ciudad. No dudo que su genial conceptismo filosófico hallase, en este agridulce apartamiento forzoso, el mejor escenario físico y humano para cultivar hasta las cimas del pensamiento occidental su visión lúcida y desencantada del mundo, paseando bajo la luz dorada de nuestro Somontano.

Quedan señalados unos cuantos aspectos que acotan el tema del belenismo. Por un lado, el desarrollo de su diversa imaginería a lo largo de la historia de los paises cristianos. Por otro, el desgajamiento, de un arte popular y de una artesanía llenos de vigor, del tronco del arte culto y oficial; los problemas religiosos, políticos e incluso bélicos surgidos de la reforma y de la contrarreforma, y finalmente el arte barroco, como consecuencia directa de esta última, fuerte y prolífico sembrador de conceptos plásticos y de recursos creativos.

Los belenes que han llegado hasta nosotros como expresión viva de la navidad son por encima de todo arte popular, artesanía elevada a las cotas mas altas del salero, sin desdoro de la unción, y a los mejores logros en eficacia plástica y casticismo. Porque la vena de la gracia, la improvisación simpática, la chapuza genial y el humor corren a borbotones por todos los belenes, y en mayor medida cuanto mas humildes y menos encopetados sea.

A nadie, si no está ungido por la gracia de la calle, se le ocurriría yuxtaponer a uno de los mayores misterios del cristianismo las tiendas de los charcuteros, tabernas, soldados y lavanderas, pastores empinando el codo o desollando corderos, guardias civiles haciendo su ronda caminera, pillastres jugando a dados e incluso figuras escondidas en actitudes poco decorosas y a calzón caido. Y de todas estas plebeyeces sazonadas de sal gorda están llenos nuestros pesebres, y pienso que por ello jamás comprometieron la majestad del Niño. Más aún, tanta ternura, de codearse con lo más chusco y garbancero, se hizo más tierna y ,sin dejar de ser divina fue más humana. De manera increible la torpeza se suavizó, se hizo más leve y más comprensible, porque el mundo de los niños tiene, a veces, dentro de su visión de lo cómico, recursos a la escatología, al retruécano y la chusquedad. Nadie salió perdiendo, la majestad del Niño, la dulzura de sus santas comparsas, a pesar de la poco edificante compañía, no sufrieron desdoro y nada tuvieron que envidiar al mas severo pantocrator.

Hemos dedicado muchos esfuerzos y tiempo en nuestro trabajo de pintar y hacer escultura, ha sido permanente la dedicación para sacar adelante una familia numerosa. Pero nuestra otra faceta, la de profesores y educadores es algo presente y constante en nuestra vida, y sobre todo por el aspecto delicado y difícil del segmento de edad de nuestros alumnos, como es la adolescencia y la primera juventud.

Si de algo estamos convencidos es de la cualidad redentora que tiene la educación, por encima, quizá, de cualquier otra. Un pais que sabe dedicar la paciencia, el esfuerzo y el gasto económico que la educación merece, consigue, no a tan largo plazo, resultados, en equilibrio y progreso, mayores que los que se puedan obtener de otros esfuerzos de carácter material.

El Alto Aragón cuenta con personajes de primer orden en la historia de la educación y de la ética social, que no es preciso nombrar porque están en la mente de todos nosotros, pero aunque suene a tópico ya, recordaré una vez más la fórmula de Joaquín Costa, expresada a unos pocos meses del desastre del 98.

“La escuela es la despensa. La despensa y la escuela: No hay otras llaves capaces de abrir el camino de la regeneración española”. Son palabras que excusan comentarios. Hace un siglo España vivía su más honda depresión moral por la pérdida de los últimos jirones del que fuera el mayor imperio en el mundo.

Esa regeneración española, que invocaba el prócer ribagorzano aún sigue por florecer, pues el siglo XX no ha sido un camino de rosas, hay escuela y hay despensa, pero sigue habiendo otras y nuevas hambres que deben ser satisfechas.

Una sociedad educada está más preparada para percibir y diagnosticar sus propios problemas, para afianzar su sistema de libertades, el reconocimiento general de los derechos y de las obligaciones cívicas; asi como la separación de poderes, aspectos estos que son los soportes inexcusables para garantizar que una pretendida democracia realmente lo sea. La soñada regeneración española está, sin duda, unida a una efectiva profundización en la democracia, no sólo en sus aspectos formales, sino en los cualitativos.

Si un país cuenta con un sólido sistema educativo está bien pertrechado para atajar las andanzas de los arbitristas, de los demagogos y de los falsos redentores sociales y políticos de cualquier pelaje, que puedan surgir.

Algunos dicen que España es una potencia media del primer mundo, aunque no tiene recursos materiales propios ni abundancia de riqueza acumulada, por tanto parece evidente que sea la educación el vehículo que nos pueda llevar, con mayor seguridad, a la adquisición de autoestima moral colectiva y a hacer próspera en lo material a nuestra sociedad, quizá no contamos con muchas más, ni mejores posibilidades.

Ahora bien, la educación se cimenta desde la familia, y la instrucción edifica sobre esa base. Pero, por desgracia, hay hoy muchos problemas en la vida de las familias, como inhibición, ignorancia, desencuentros, claudicaciones, abandono,etc.Y todo ello repercúte de manera terrible sobre la sociedad.

Nunca se conseguirá una educación perfecta, ésta es otra de las utopías necesarias a las que hacíamos antes alusión. Pero la educación se yergue como un magnífico reto de superación humana frente al período histórico que vivimos, cuyas metas, si las tiene, son tan confusas y poco fiables.

Responsabilidad, sentido del orden, solidaridad, noble competencia, son aportaciones de una educación formulada con claridad. La educación imprime sentido de la ética, selecciona sin traumatizar, ayuda a superar la contradicción de las desigualdades humanas, integra a los niños y jóvenes en la sociedad, ayuda a que sepan descubrir su propio futuro como personas necesarias y útiles, inspira y orienta hacia la percepción recta de la justicia, evita la corrosión de las llamadas engañosas de otros supuestos productos culturales que no son precisamente formativos, etc.

La familia como núcleo germinal de la sociedad y de la organización humana es la raiz de la educación, y nótese bien cuando digo educación y cuando digo instrucción. La familia viene resistiendo a través de las mas duras pruebas, sobrevenidas por los cambios sociales y de costumbres, en los últimos doscientos años.

La historia contemporánea ha sido un contínuo sobresalto entre revoluciones, ideologías, liberaciones, opresiones, ascensos y caidas, nuevos y viejos regímenes.

De ese “totum revolutum” han brotado toda clase de frutos,unos buenos e indiscutibles, y otros perversos. El conformismo acrítico, la satisfacción en los logros materiales, son de estos últimos, así como la ascensión del aprecio del éxito económico como razón última de la vida.

De ahí el surgimiento de la violencia y el embrutecimiento de un modo industrializado.

El mal, el delito, la crueldad ya no son sólo pesadillas, sino que han adquirido estado y néutra condición de mercancía,de producto manufacturado. No son una simple plaga crónica,están ya en todos los catálogos y puestos de venta del mercado mundial.

Televisión, cine, “Asesinos natos”, “Terminator”, “Matanzas de…” son títulos y palestras que ponen al descubierto la barrera, que separa la hipócrita sociedad oficial, que entre todos hemos avalado, de la pantalla o cartelera que enseña el repertorio de estímulos, que la vida económica ofrece y pone al alcance de niños, adolescentes y jóvenes en la sociedad real, sin afeites ni maquillajes de estadísticas y encuestas para uso de irresponsables privados con responsabilidad pública. Lo que logra la amenaza de retirar la publicidad de una marca de productos lácteos sobre un programa de televisión poco recomendable, no lo consigue la administración, con todo su aparato de decretos, circulares y órdenes ministeriales.

Sin culpar a nadie, he de acusar a todos nosotros, pues la inhibición ,en uno u otro grado, todos la practicamos. No recuerdo qué ministro de Franco decía con mucha sorna: “España es una dictadura atemperada por el generalizado incumplimiento de la normativa”. Pero ahora no tenemos coartada para incumplir las normas, y mucho menos para saltarnos la ética individual, ni la colectiva, pues ya no somos súbditos, sino ciudadanos libres y corresponsables.

La ética y la honradez no son capitales cuantificables que se puedan administrar o gestionar como un caudal o un bien material. Se tienen o no se tienen, y si se pierden se pierden como problema moral y no como revés financiero.

Para tenerlos hay que considerarlos un bien no enajenable, sólo se conserva la decencia sabiendo que no se mantiene sola, que hay que alimentarla, cuidarla de cualquier transacción. Creo que Schopenhauer, el viejo cascarrabias ,decía que el honor basta con conservarlo, y que la fama y la gloria exigen esfuerzo y sacrificio para su conquista. Tal vez fuera así para una idea calderoniana y púbica del honor, pero creo que hoy es un gran mérito que esas virtudes elementales se guarden en la intimidad y no se saquen al peligroso oreo de la plaza pública, para que no sean tomadas por mercancía .

Dicen que vivimos en el primer mundo, pero no es un buen mundo. Mires hacia donde mires no aparecen estímulos a la ejemplaridad, apenas hay modelos públicos que puedan ser adoptados como patrón. Las chicas y los chicos para afianzar su personalidad necesitan esos modelos a seguir, aunque sea algo un tanto frívolo y provisional, pero los que surgen duran poco y se desmoronan,dejando inconfundible sabor a frustración.

Necesitamos una educación con fuertes inversiones y sin despilfarros, del primer mundo, porque en él estamos, una educación diversa y diversificada, extendida a toda la sociedad, pero capaz de recurrir a la atención individualizada, estimulante para quienes destacan y no estabuladora para disimular las cifras del desempleo. El ” café para todos” hasta determinada edad de escolarización obligatoria puede ser sólo la tapadera tercermundista del paro juvenil, resulta demagógico e inútil porque la calidad del proceso educativo se resiente y desvirtúa. Las muchachas y muchachos que no tienen afición o luces para el estudio consumen sus días en un tiempo ocioso y los que tienen capacidad no reciben la atención personalizada que se les debería dar.

Quizá una mayor diversidad flexible de ofertas educativas y formativo – laborales pudiera ser una solución razonable al problema, y no la generalización igualitarista, que empobrece y desilusiona a casi todos.

Las cosas que nos pasan no son culpa de unos u otros responsables públicos, sino de la misma sociedad que todos constituímos, los españoles no nos vemos como protagonistas de nada, somos inhibidos y medrosos, cedemos siempre nuestra capacidad de acción y con ella nuestra responsabilidad, tenemos escaso sentido cívico, y por ello el poder de la sociedad acaba, a veces, utilizado por protagonistas que no imaginábamos que fueran a salir desviados así o asá, y que no esperábamos que pudieran interpretar los deseos de la sociedad de un modo u otro. Nuestra inhibición dejó muchos espacios vacios, y los vacios invariablemente son rellenados por algo, o por alguien, que no siempre es el mejor, sino el mas despierto . Que nadie se queje del mundo que tenemos, nosotros lo hicimos así porque no fuimos capaces de querer llenar sus carencias, y los vacíos se convirtieron en agujeros por los que se nos puede escapar el futuro.

Creo honradamente que muchas mujeres y hombres de mi generación deberíamos reconsiderar lo que entendíamos por progresismo.

Sin duda quienes éramos jóvenes en aquella época sufrimos un sarampión sociológico e ideológico, manifestado al terminar un periodo de incubación tan largo, desde los fabulosos años sesenta, y los setenta, con el cambio de régimen, la transición y la llegada al trono del Rey.

Y el progresismo no es, como algunos pretendían, propiedad exclusiva de nadie, sino una actitud que debería haber ido ligada a la responsabilidad, en primer lugar, a la regeneración, a la reconstrucción de la musculatura moral de la sociedad española, desde la equidad y la libertad, y desde el respeto a los límites de ésta, en cada caso y en cada persona.

Pero no fue asi, el progresismo acabó en progresía, el progresismo no digerido hizo que implantásemos una confusión de valores aún no disipada, y que es la causa de muchos desencantos y frustraciones actuales.

Se pretendía contraponer la justicia a la caridad, considerando que aquella era una empresa progresista y ésta una monserga reaccionaria. Pero más reaccionario es acotar o tratar de impedir que los conceptos trasciendan su límite usual, se expriman, lleguen a entregar el zumo de su mayor significación.

¿Por qué no hablar también de caridad cuando se trata de justicia? ¿Por qué no dar testimonio de la mayor compasión junto al rigor preciso? ¿Por qué temer que el cumplimiento de las normas de los hombres pueda verse comprometido,por la existencia y el aire profundo de los sentimientos, y del amor desinteresado hacia los demás?

Las revoluciones nos decían: !Nada de caridad, justicia! ¿Cual fué la justicia de esas aventuras, una tras otra? ¿Qué quedó de justicia al fin, entre tanta arbitrariedad, tanta muerte,tanta corrupción institucionalizada, en aquellos paises donde triunfaron? ¿Qué justicia ha sobrevivido a esas cenizas, a ese escombro ideológico?

Hubo más tópicos y lugares comúnes desde nuestra intransigencia. También se contrapuso la responsabilidad al “rollo” de la abnegación, y se ponía el ejemplo de la enfermera frente a la monja, civismo a orden o jerarquía , solidaridad a compasión, etc. ¿Dónde estaba escrito ese forzado antagonismo conceptual entre palabras? ¿Por qué no podían ser valores y virtudes coexistiendo en armonía?

El sacrificio y el sufrimiento fueron borrados por nosotros de la tabla de valores. Pero el sufrimiento es una causa de humildad, de humanización, y de su asunción, de su superación emanan también el amor propio y la dignidad.

Sufrimiento y sacrificio ni son ajenos al hombre ni caprichos crueles. De ellos no surge la “pobre resignación”.Son, muchas veces, fuente de grandeza. Los revolucionarios criticaban al cristiano por no seguir la via de la rebelión, por acatar, por ser resignado y humilde. Cayeron todas las revoluciones, se desvirtuaron sus ideas, sonaron a vacio sus consignas, nunca brotaron las flores prometidas, pero la mayor y mejor parte del cristianismo ha seguido ofreciendo compasión, caridad y justicia. Porque no era cierto que una excluyera a otra,pues ambas virtudes eran complementarias.

Nosotros los progresistas , junto a la revolución, solíamos hacer también una lectura peculiar del mundo oriental,de la filosofía Zen, del Taoismo y del Budismo principalmente. La compasión fué quizá, junto con cierto panteismo naturalista, el concepto que más nos aproximaba la figura oriental de Buda a la occidental de Cristo. El matiz diferencial era lo estático , telúrico y cósmico del budismo, frente a lo dinámico, arriesgado,personal y universalista del cristianismo.

Ahora que sabemos la pavorosa dimensión de la maldad y del sufrimiento, que en este mismo momento están azotando a muchos paises, ahora que hay tantos niños abandonados, sin alimento ni medicinas, ni familia ni educación, o que son exterminados por la noche en las calles de grandes ciudades , ahora es el momento de pedir por enésima vez a los poderosos unas migas de compasión, de compasión activa, occidental, no de compasión resignada.

Hemos venido aquí para hablar, entre otras muchas cosas, de la familia. Pensemos, pues, en ella, y que como tal no sólo podemos concebir ese núcleo germinal de los padres y los hijos. Familia nuestra es también el que está solo, el que fué abandonado, el egoista o el tímido que se esconden, las personas mayores desvalidas,los enfermos, los que están en la cárcel condenados por la justicia de los hombres, y los dementes olvidados en asilos y sanatorios siquiátricos.Familia somos todos los humanos, y sería imperdonable que no lo quisiéramos ver así.

Hay dos textos de Unamuno que muchos seres azotados por la duda podríamos suscribir: “El ¿ Y si hay? y el ¿Y si no hay? son las bases de nuestra vida íntima”. Y el otro: “Mi religión es buscar la verdad en la vida y la vida en la verdad, aún a sabiendas de que no he de encontrarlas mientras viva; mi religión es luchar incesante e incansablemente con el misterio; mi religión es luchar con Dios desde el romper del alba hasta el caer de la noche, como dicen que con El luchó Jacob. No puedo transigir con aquello del inconocible – o Incognoscible, como escriben los pedantes- ni con aquello otro de “de aquí no pasarás”. Rechazo el eterno ignorabimus. Y en todo caso quiero trepar a lo inaccesible”.

A veces, es lo más noble dar también testimonio de la duda, de la propia inseguridad, como otros lo dan de su envidiable certeza, de su seguridad. Pues la sinceridad de ese reconocimiento es también una linterna que ayuda a otras personas a avanzar entre las tinieblas.

La fe guió a los mártires y a los santos, les dió la entereza necesaria para superar el trance de su sacrificio. La inseguridad y la duda conducen malamente a los hombres de a pie, y el amor es la lucecita lejana que les orienta a través de esa penumbra nebulosa. Unamuno no fué un mártir, ni fué un hombre de fe berroqueña, o de antracita, por aquello del carbonero, pero dejó una presencia de ejemplaridad que envidiarían muchos supuestos justos.

Buena voluntad se puede tener desde la fe o bien desde la duda, porque en si es positiva, y eso es lo que vale y sirve para poner a bien el corazón , la compasión y la justicia de los hombres, a quienes además , no tenemos atribuciones ni capacidad para juzgar. Unamuno dijo también: “Una fe que no duda es una fe muerta”.

Desde otros territorios críticos se ha achacado al cristianismo la excesiva culpabilidad que pretendía cargar sobre el ser humano, por su simple nacimiento. Tal vez la culpa original sea más una imágen inconsciente de nuestra temporalidad,de nuestra mortalidad, que otra cosa. Porque la citada culpa, quizá, ya se pague con la muerte.

Es muy hermoso que nazca un niño para dar la vida a los hombres, una vida superior, que estará por encima de la torpeza del desamor, por encima de la resignación cansina, del egoismo,de la enfermedad, del dolor y de la muerte. Aunque nazcamos y muramos solos ese Niño viene para estar a nuestro lado, al lado del temor, del dolor y la angustia que nos acompañan como rémoras en el trayecto de nuestro tiempo en la vida terrenal.

En fin, téngase muy en cuenta que esto desea ser un pregón. Un pregón es una llamada a la atención de los demás para darles a conocer una información, para que sepan las bondades de algo, y a veces, para exhortarles a la adquisición del objeto pregonado.

Y desde esa idea, queremos venderles algo, queremos anunciarles que ya está en el mercado, como las figuras sueltas de Nacimiento de Casa “Campetes”, un gran producto. Queremos que adquieran ilusión por el tiempo que ha de venir, por el futuro, porque nos parece un valor en alza, y que les van a dar facilidades de pago, y que no les pedirán ni cinco, ni cuatro, ni tres, ni dos, pues se admite desde hoy esa única moneda con la que cuanto mas se paga mas se sigue teniendo, y mas aumenta el capital ahorrado, y que como ya habrán podido adivinar es el amor.

¡AMOR Y PAZ EN LA TIERRA A LOS HOMBRES DE BUENA Y DE MALA VOLUNTAD!”

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